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Nieve Hasta la Cintura

11 al 13 de Junio

Nos despertamos una fría mañana en un hut calentito a 1200 metros de altitud. El infierno que pusimos en marcha aquella noche en la chimenea funcionó a la perfección. Aún no sabíamos si íbamos a pasar otra noche más en el Jumbo hut... dependería del tiempo. Así pués nos despertamos con calma, desayunamos y disfrutamos de las vistas desde la cumbre nevada de la montaña. Llovía a ratos y el viento azotaba la escasa vegetación que hay en la cima. El espectáculo que ofrecían las nubes era impresionante... corrientes ascendentes, lluvia que subía y bajaba... una locura. A media mañana, después de las 11 llegó una pareja de la República Checa que nos dijo que aunque hacía viento se podía cruzar. Además la predicción meteorológica había cambiado y al día siguiente iba a llover sin parar. No lo pensamos dos veces y decidimos salir sin más dilación.

El camino comenzó con un pronunciado ascenso a la cima del monte Jumbo. Aquel día llegaríamos a ascender a más de 1400 metros de altura. Cuando llegamos arriba la vista te quitaba el haliento... que preciosidad, las cosas se ven diferentes desde arriba...

Anduvimos por el hielo y la nieve... En ocasiones nos hundimos hasta la cintura en la nieve, si bien sabíamos cuál era el camino, marcado de vez en cuando por unos postes azules que buscábamos de vez en cuando entre la espesa niebla. La niebla era densa, eran las mismas nubes que hacían llover abajo cuando atravesabamos el bosque. Se despejaba de tanto en tanto para revelarnos la verdadera belleza de las cumbres que nos rodeban. Caminamos por la cima del mundo, sin bajar en ningún momento... a veces andando por estrechos filos entre cumbre y cumbre.

Marchamos en la nieve... hundiéndonos y agarrándonos, marchamos... El viento nos azotaba con fiereza, con esa fuerza que sólo puedes experimentar en la cima o en medio de un huracán... marchamos... Nuestro equipo, una vez más demostró ser el adecuado, si bien las botas estaban mojadas todavía del día anterior... Marchamos.

Cuando por fin llegamos al Powell hut todavía había luz, pero se puso a llover a los 10 minutos de llegar. Tuvimos mucha suerte de que no nos nevara en lo alto de la montaña, habría complicado un poco las cosas.

Hicimos un buen fuego, nos cambiamos de ropa y preparamos la habitual sopa de bienvenida. Tuvimos cuidado con no dejar la comida al alcance de posibles roedores y pasamos la tarde y la noche leyendo y admirando las espectaculares vistas, que te quitan el hipo incluso de noche... Sobre todo con la luna tan maravillosa y redonda que nos ha venido acompañando durante ésta travesía. Volvimos a cumplir con nuestros ejercicios, abdominales, flexiones y esas cosas... cuando estuvimos en Wellington nos llegamos a asustar cuando nos pesamos, nos estamos poniendo fuertes y se nota en la báscula: los dos pesamos entorno a 5 y 7 kilos más que antes de salir de España. Vamos a volver hechos unos hooligans ceporros... eso si, más embrutecidos que nunca gracias a haber pasado más tiempo entre plantas, piedras y animales.

¡Córtame más de madera!

Esa noche dormimos encima de las mesas del hut... cosas de la montaña. Apenas pegamos ojo, el viento azotaba con tanta fuerza el refugio que el ruido era ensordecedor...

El día siguiente, el día 12 de Junio, nos lo tomamos como un paseo tranquilo hasta llegar abajo y descargar en el coche. Nos hizo un día perfecto, caluroso incluso. El descenso fue increíble... no hay palabras.

Arrancamos el coche seguimos nuestro camino al Norte. Próxima parada: Napier.

Se trata de un pueblo grande o de una ciudad pequeña, bella de narices. Nos llovió durante todo el camino... y cuando llegamos siguió lloviendo. Buscamos alojamiento lo primero, después pusimos la lavadora y fuimos a la compra... el ritual de siempre.

Hoy nos hemos despertado en uno de los pueblos más bonitos en los que hemos estado aquí. Napier Sufrió un tremendo terremoto a principios de los años 30 y en plena crisis económica tuvieron que reconstruirlo entero. Como entonces lo han conservado y parece sacado de una foto antigua. Toda la ciudad es de estilo Art Deco... ¡incluso te encuentras gente vestida de los años 30! Los edificios, las tiendas... es inverosímil, muy bonito. La playa es preciosa, con un paseo estupendo y un skate park... ¡vaya skate park!

Para variar hoy hemos visitado todas las tiendas de música (de instrumentos) del lugar, hemos paseado por sus calles y nos hemos subido a ver las vistas desde el mirados de Bluff Hill... Muy bonito, si señor. Nos hemos tomado un café en la calle peatonal mientras un viejo guitarrista (muy bueno) armado con su Strato y su VOX nos deleitaba con sus canciones.

Mañana será un nuevo día... ¿donde iremos?

Ya os lo contaremos, pero seguro que pasa por la montaña...

Fotos: Todas son de Napier

¿Quién dijo Cansancio?

9 de Junio

En Marcha otra vez y a deshacer el camino andado...

Empezamos caminando bajo la lluvia y parece que no va a cesar. Por lo menos ya nos conocemos el camino...

La lluvia a convertido el camino en barro y los ríos rebosan agua por las cuatro esquinas. El primer trayecto se hace bastante duro y hay que extremar las precauciones, no nos podemos permitir el lujo de tener una caída y torcernos un tobillo en mitad de ningún lado y menos con este tiempo.

Casi cuatro horas más tarde llegamos a la intersección que nos marca el camino hacia el Jumbo Hut, nos esperan tres horas y 700 metros de ascensión ininterrumpida. Sin pensarlo dos veces nos ponemos manos a la obra.

Lo mejor de caminar es que tienes todo el tiempo del mundo para sumergirte en tus pensamientos y dejarte llevar por las imágenes recurrentes que inundan tu mente. Pensar ayuda a automatizar el ejercicio físico, es como escuchar música mientras conduces tu coche.

(Tres máximas del que camina: 1- Cada paso que das es un paso más cerca de tu destino, 2- Todo paso cuenta, te puedes romper a cada paso, 3- Economiza cada paso.)

La paliza es de escándalo y no ha parado de llover ni un solo segundo, estamos hasta arriba de agua, sudor y barro. Cuando te encuentras en una situación como ésta ya no sabes si la concentración es la que te permite seguir caminando o si simplemente son tus piernas la que te llevan a ti.

El bosque va dando paso a la roca expuesta de la cumbre y la nieve hace acto de presencia. En lo alto se puede divisar el techo del Jumbo Hut como si de un espejismo se tratara.

¡Que palizón de día! Solo recuerdo una jornada más larga que la de hoy, los 30 Km de Stewart Island, palabras mayores...

La postal es totalmente diferentes a todo lo visto hasta la fecha: En la cumbre de una montaña nevada, dos figuras alargadas observan como el Sol se pone sobre un mar de nubes hinchadas que filtran los últimos rayos de luz para perderse en la inmensidad de un bosque de Haya.

Esa noche cena, flexiones y a la cama, pero sin ratones.....

El Bosque de Tararua

8 de Junio

28km

A eso de la una llegamos Masterton y directos al DOC, allí nos informamos de las características del track y de la predicción metereológica para los próximos días. Todo en orden así que directos al bosque.

Mientras organizamos los macutos vemos como una figura emerge de entre los árboles y se cruza en nuestro camino, su cara nos es familiar... ¡Es Hans!, ¡El montañero de 75 años que nos encontramos el Heaphy Track!

El reconocimiento es mutuo así que conversamos durante un rato y nos ponemos al día, parece mentira pero ya han pasado cuatro meses desde nuestro primera incursión en el bosque neocelandés.

Hans sigue en forma, acaba de llegar de dos días caminando solo por la montaña. Dice que no puede pasar una sola semana sin subir y que de no ser así pronto acabaría “a dos metros bajo tierra”.

Como no llevamos mapa le preguntamos por la localización de los Huts y el estado del camino. El tío los recita de memoria como si fuesen los Reyes Godos. En cierta forma Hans ha sido lo más parecido que hemos tenido a un mentor y el hecho del reencuentro fortuito es de lo más reconfortante.

Tras unos nuevos consejos sobre como afrontar la exposición en las cumbres y de cómo caminar sobre la nieve nos despedimos no sin antes intercambiar teléfonos.

¿Nos volveremos a ver? Espero que si...

Esa noche dormimos en el Holdsworth Lodge y aprovechando que hay un pequeño hornillo nos ponemos hasta arriba de verduras al horno y solomillo asado.

Como llevamos casi un mes sin subir a la montaña, hemos adoptado la sana costumbre de hacer 100 abdominales y 100 flexiones antes de irnos a la cama. Con la emoción de estar de vuelta en el camino esa noche nos hicimos más del doble.

Si en algo se parece Nueva Zelanda a España es en que el hombre del tiempo nunca da en el clavo, esperábamos lluvia y hoy luce un pálido sol de invierno.

Nos ponemos a caminar sin saber muy bien que rumbo tomar, el Bosque de Tararua es un laberinto con multitud de posibilidades así que para variar habrá que improvisar. Llegamos a un cruce de caminos y tomamos el menos frecuentado (siempre es mejor ir al contrario de los demás, así tienes la sensación de estar solo en la montaña).

Los primeros 10 km pasan volando y pronto llegamos a dejar de lado el río y nos adentramos en el valle. Dos Rimus Gigantes obstaculizan el camino, parece ser que no resistieron la tormenta de ayer. Subimos, bajamos, subimos y volvemos a bajar, han pasado más de cinco horas desde que nos pusimos en marcha y el sol comienza a apagarse. El último tramo del camino es todo cuesta abajo y las rodillas empiezan a quemar, no hay nada peor que terminar el día cuesta abajo...

Llegamos al Mitre Hut, Hans lo construyó en los 80 en un claro cerca del río. El día ha sido muy largo y nuestra piernas se resienten, se nota que llevamos un mes de inactividad. Esa noche volvemos a nuestra dieta montañera a base de Noodles (¡ya los echábamos de menos!). Pasamos la noche leyendo, Carlos se está leyendo “ El Caso Watergate” y Miguel “Los Pilares de la Tierra”. El tiro de la chimenea no funciona muy bien y los dos olemos a chamusquina así que tras las flexiones y abdominales de rigor nos metemos el en saco exhaustos.

Esa noche un grupo de ratones del tamaño del puño de Mike Tayson se dedican a remolonear por todo el refugio en busca de las migajas de la cena. Son tas grandes que se puede diferenciar cuando pisan con las patas traseras o las delanteras. No nos dejaron en paz hasta el amanecer...

A la mañana siguiente al salir del saco Carlos parecía un mapache y Miguel Daryl Hannah en Blade Runner, ¡Menudas Ojeras!