¿Quién dijo Cansancio?

9 de Junio

En Marcha otra vez y a deshacer el camino andado...

Empezamos caminando bajo la lluvia y parece que no va a cesar. Por lo menos ya nos conocemos el camino...

La lluvia a convertido el camino en barro y los ríos rebosan agua por las cuatro esquinas. El primer trayecto se hace bastante duro y hay que extremar las precauciones, no nos podemos permitir el lujo de tener una caída y torcernos un tobillo en mitad de ningún lado y menos con este tiempo.

Casi cuatro horas más tarde llegamos a la intersección que nos marca el camino hacia el Jumbo Hut, nos esperan tres horas y 700 metros de ascensión ininterrumpida. Sin pensarlo dos veces nos ponemos manos a la obra.

Lo mejor de caminar es que tienes todo el tiempo del mundo para sumergirte en tus pensamientos y dejarte llevar por las imágenes recurrentes que inundan tu mente. Pensar ayuda a automatizar el ejercicio físico, es como escuchar música mientras conduces tu coche.

(Tres máximas del que camina: 1- Cada paso que das es un paso más cerca de tu destino, 2- Todo paso cuenta, te puedes romper a cada paso, 3- Economiza cada paso.)

La paliza es de escándalo y no ha parado de llover ni un solo segundo, estamos hasta arriba de agua, sudor y barro. Cuando te encuentras en una situación como ésta ya no sabes si la concentración es la que te permite seguir caminando o si simplemente son tus piernas la que te llevan a ti.

El bosque va dando paso a la roca expuesta de la cumbre y la nieve hace acto de presencia. En lo alto se puede divisar el techo del Jumbo Hut como si de un espejismo se tratara.

¡Que palizón de día! Solo recuerdo una jornada más larga que la de hoy, los 30 Km de Stewart Island, palabras mayores...

La postal es totalmente diferentes a todo lo visto hasta la fecha: En la cumbre de una montaña nevada, dos figuras alargadas observan como el Sol se pone sobre un mar de nubes hinchadas que filtran los últimos rayos de luz para perderse en la inmensidad de un bosque de Haya.

Esa noche cena, flexiones y a la cama, pero sin ratones.....

El Bosque de Tararua

8 de Junio

28km

A eso de la una llegamos Masterton y directos al DOC, allí nos informamos de las características del track y de la predicción metereológica para los próximos días. Todo en orden así que directos al bosque.

Mientras organizamos los macutos vemos como una figura emerge de entre los árboles y se cruza en nuestro camino, su cara nos es familiar... ¡Es Hans!, ¡El montañero de 75 años que nos encontramos el Heaphy Track!

El reconocimiento es mutuo así que conversamos durante un rato y nos ponemos al día, parece mentira pero ya han pasado cuatro meses desde nuestro primera incursión en el bosque neocelandés.

Hans sigue en forma, acaba de llegar de dos días caminando solo por la montaña. Dice que no puede pasar una sola semana sin subir y que de no ser así pronto acabaría “a dos metros bajo tierra”.

Como no llevamos mapa le preguntamos por la localización de los Huts y el estado del camino. El tío los recita de memoria como si fuesen los Reyes Godos. En cierta forma Hans ha sido lo más parecido que hemos tenido a un mentor y el hecho del reencuentro fortuito es de lo más reconfortante.

Tras unos nuevos consejos sobre como afrontar la exposición en las cumbres y de cómo caminar sobre la nieve nos despedimos no sin antes intercambiar teléfonos.

¿Nos volveremos a ver? Espero que si...

Esa noche dormimos en el Holdsworth Lodge y aprovechando que hay un pequeño hornillo nos ponemos hasta arriba de verduras al horno y solomillo asado.

Como llevamos casi un mes sin subir a la montaña, hemos adoptado la sana costumbre de hacer 100 abdominales y 100 flexiones antes de irnos a la cama. Con la emoción de estar de vuelta en el camino esa noche nos hicimos más del doble.

Si en algo se parece Nueva Zelanda a España es en que el hombre del tiempo nunca da en el clavo, esperábamos lluvia y hoy luce un pálido sol de invierno.

Nos ponemos a caminar sin saber muy bien que rumbo tomar, el Bosque de Tararua es un laberinto con multitud de posibilidades así que para variar habrá que improvisar. Llegamos a un cruce de caminos y tomamos el menos frecuentado (siempre es mejor ir al contrario de los demás, así tienes la sensación de estar solo en la montaña).

Los primeros 10 km pasan volando y pronto llegamos a dejar de lado el río y nos adentramos en el valle. Dos Rimus Gigantes obstaculizan el camino, parece ser que no resistieron la tormenta de ayer. Subimos, bajamos, subimos y volvemos a bajar, han pasado más de cinco horas desde que nos pusimos en marcha y el sol comienza a apagarse. El último tramo del camino es todo cuesta abajo y las rodillas empiezan a quemar, no hay nada peor que terminar el día cuesta abajo...

Llegamos al Mitre Hut, Hans lo construyó en los 80 en un claro cerca del río. El día ha sido muy largo y nuestra piernas se resienten, se nota que llevamos un mes de inactividad. Esa noche volvemos a nuestra dieta montañera a base de Noodles (¡ya los echábamos de menos!). Pasamos la noche leyendo, Carlos se está leyendo “ El Caso Watergate” y Miguel “Los Pilares de la Tierra”. El tiro de la chimenea no funciona muy bien y los dos olemos a chamusquina así que tras las flexiones y abdominales de rigor nos metemos el en saco exhaustos.

Esa noche un grupo de ratones del tamaño del puño de Mike Tayson se dedican a remolonear por todo el refugio en busca de las migajas de la cena. Son tas grandes que se puede diferenciar cuando pisan con las patas traseras o las delanteras. No nos dejaron en paz hasta el amanecer...

A la mañana siguiente al salir del saco Carlos parecía un mapache y Miguel Daryl Hannah en Blade Runner, ¡Menudas Ojeras!

Wellington

5 al 8 de Junio

Salimos de Christchurch la mañana del día 5 con dirección a Picton. El viaje fue tranquilo, Nueva Zelanda nos ofreció aquel día una de sus caras más amables. El mar en calma, el cielo claro y despejado, el tráfico fluido... un día precioso. Hicimos una parada enKaikoura para comer Blue Cod y seguir nuestro camino en dirección al Norte. Llegamos a Picton de noche, después de las 17:30 (hora a la que se pone el Sol).

A la mañana siguiente preparamos nuestros bártulos y después de desayunar nos dirigimos al puerto a coger el tan ansiado ferry, el cual nos llevaría a la Isla Norte. Metimos el coche en la bodega del barco y subimos a la cubierta a disfrutar de las vistas tan espectaculares que ofrece el trayecto. El barco sale de la isla atravesando losMalborough Sounds , unos fiordos muy diferentes a los del Sur de la isla, pero de indescriptible belleza. Pronto salimos de los fiordos para adentrarnos en mar abierto en el ventoso estrecho que separa las dos islas.Wellington nos esperaba al otro lado.

Tardamos un rato en cruzar la bahía y llegar al puerto. Mientras nos aproximábamos podíamos distinguir el perfil de los altos edificios del centro de la ciudad, capital de Nueva Zelanda.Wellington está flanqueada por el mar y las montañas por lo que la ciudad ofrece un claro contraste frente al resto de las espaciosas urbes del país. Cuando el barco atracó el el puerto nos llamaron para que bajásemos a la bodega a sacar nuestros coches. Así hicimos y en pocos minutos estábamos serpenteando entre las estrechas calles de la capital. La costa frente al centro está ocupada por el puerto y el estadio de la ciudad. El centro es puramente comercial mientras que la zona residencial se extiende por las colinas que abrazan la ciudad por el Sur, Este y Oeste.

Después de darnos una vuelta en coche por el centro de Wellington nos dispusimos a buscar alojamiento, que encontramos no muy lejos del bullicio. Después de cenar (en torno a las 7 de la noche, horario ya habitual) salimos a dar una vuelta y ver si podríamos disfrutar de un poco de música en directo. Dimos una buena vuelta por las zonas de "marcha" hasta que decidimos entrar en el único bar en que oímos música en vivo. No había mucho que ver, el grupo solo hacía versiones de temas de los 40 principales, y además llegamos justo antes de que fueran a hacer un descanso. Esperamos a que volvieran a empezar, escuchamos un par de temas y nos fuimos, cansados e insatisfechos con la ciudad que aún no había cubierto nuestras expectativas.

El día 7 salimos a dar una vuelta por la ciudad, curiosos por las sorpresas que podría albergar. Hicimos la parada habitual en elRock Shop (una cadena tiendas, muy competitiva, de instrumentos musicales) donde vimos otra Cole Clark Hollow Culprit . Ésta era la nº000174, la que está en nuestras manos es justo la siguiente la nº000175, una de las únicas 3 que hay en todo el país (la otra está enAuckland ). Acabamos en un cine independiente en pleno centro tomando un café en una soleada terraza donde la gente comenta la película por encima del tráfico de la principal calle comercial de la ciudad. Cuando salió la gente de las salas caímos en la cuenta de que se estaba proyectando un ciclo de cinegay y lesbico... había mucho intelectualoide y locas suelt@s. Nos terminamos el café, apretamos el culo y nos fuimos al coche a dar una vuelta.

Por la tarde nos fuimos a dar un periplo por los alrededores de Wellington. Llegamos al límite de una reserva marina, el mar estaba bravo y el cielo encapotado pero aquello le daba más encanto todavía, si cabe. Unas colimas más allá el cielo se despejó y dimos un paseo hasta la cima de una de ellas donde encontramos un monumento a las víctimas de la batalla deGallipolli. Hicieron un intercambio de cadáveres, y ahora hay turcos enterrados en Wellington y neozelandeses enterrados en Turkia. Aquí hace poco se celebró el día de Anzac... las guerras les apasionan...

El atardecer lo pasamos leyendo en una de esas playas en las que hay un cartel de ¡cuidado, pingüinos! El sol se ponía frente a la playa, entre las colinas que rodeanWellington. Cuando el Sol se puso, el mar se embraveció y supimos que era la hora de marcharnos y preparar la cena.

Lo primero que hicimos la mañana del día 8 fue esperar a que abriese el DOC mientras tomábamos un café, organizarnos para nuestros próximos tramps e ir a hacer la compra. No sin antes organizar la asistencia a un curso organizado por la Asociación de Autismo de Nueva Zelanda.

¡El viaje continúa! esta vez en dirección Norte por la costa Este... ¡A Masterton que vamos! Nos sorprendió la belleza de la carretera, de los paisajes por los que transcurre. Aunque diferentes, no tienen nada que envidiar a la Isla Sur. Si bien las carreteras son un poco mejores, seguimos transitando por carreteras sin arcenes, de doble sentido de circulación... como tiene que ser.

Sopas, Libros y Chimenea.

26 Mayo al 5 de Junio

Dos maneras hay de volver a Christchurch desde Motueka. La ruta más habitual es la del Este, pasando por los viñedos de Blenheim y la hermosa costa de Kaikoura. La ruta alternativa es hacia el Sur, atravesando los Alpes por el Lewis Pass y los Nelson Lakes. Esta vez decidimos tomar la ulterior para ver el contraste de paisajes con respecto a la primera vez que pasamos por allí al comienzo de nuestro viaje, cuando fuimos a la costa Oeste por primera vez. Las cumbres nevadas sobre la alfombra verde de los bosques hiperpoblados ofrecen unas vistas espectaculares. El camino está apenas transitado por caminoes de carga... la paz es infinita. La carretera no estaba nevada, pero los puntos más altos del camino estaban cubiertos de lo que parecía serrín (aquí está prohibido echar sal a las carreteras, estropea mucho el suelo y contamina el agua).

Estos días han sido tranquilos, relajados. Hemos comido mucho y muy bien, muy sano... guisos, estofados, sopas... comida de invierno, puesto que a pesar de hacer sol hace bastante frío... sobretodo por las noches. Nuestras bolsas de agua caliente nos hacen compañía todas las noches, nunca pensamos que iban a ser tan agradables y necesarias. Hemos visitado el videoclub a diario, hemos tocado, leído y disfrutado del calor de la chimenea, ¡qué más se puede pedir!

El fin de semana salimos por la noche y disfrutamos de al menos de 5 conciertos... ¡gratis! Aquí se toca mucha música en directo y es francamentedifícil salir y no ver un par de conciertos. Algunos son malos, como no, pero la verdad es que siempre suele haber alguna perla, además siempre se agradece la música en directo.

También hemos aprovechado para hacer un par de excursiones. Hemos ido a Sunmer y a Taylor´s Mistake, un par de playas preciosas al otro lado del estuario de CHCH. Allí se congregan multitud de surfistas pues las olas suelen ser muy buenas, entre ellos Laura, Tracy y sus amigos. Un día de Sol nos dio un arrebato y nos fuimos a Akaroa a tomar un café... Tardamos tres horas en llegar y algo menos en volver. El camino a Akaroa es lindo como pocos.

Laura está ahora en Madrid pasando unas semanas con sus amados seres queridos... ¡Laura te queremos!

Luna está fenomenal de lo suyo (la operaron para quitarle los ovarios)... estuvo vomitando un par de días pero ya está mucho más animada... está que se lo come todo, todo y todo (DVD´s, desodorantes, medicinas, libros... jejeje los calcetines le encantan)

Carlos y Tracy corrieron un multitudinario maratón de 21,5km. ¡Vaya dos máquinas! Hacía un día frió y extraño, nevó por la mañana y salió el sol a medio día pero aún así salieron a correr unas 5000 personas e incluso se batió un record del mundo: ¡la persona disfrazada de superheroe más rápida del mundo!

En fin, poca emoción estos últimos días aunque hayamos estado ocupados. Ocupados con cosas más mundanas de lo habitual aquí en Nueva Zelanda: llevar el coche al taller para cambiar la correa, ir a la universidad para hablar con profesores, hacer un par de compras, resolver un par de cuestiones, buscar información, planear futuros eventos, ir a ver Terminator...

Una noche Luna nos dio una sorpresa cuando descubrió un pequeño erizo en el jardín... qué cosa más mona.

La conclusión fue que debíamos emprender de nuevo la marcha y qué mejor sitio que... ¡¡La Isla Norte!!

Así pues aquí estamos, en Picton. Mañana por la mañana cogeremos el ferry que nos llevará a Miguel, Carlos y al Yakuza a Wellington.

¡¡¡La aventura continúa!!!

Fotos: 7 fotos del Lewis Pass, 3 fotos de las vistas desde Governor´s Bay y Littelton, 2 fotos de Akaroa.

Vuelta a Nelson, pero como si fuese Madrid...

Del 22 al 26, de Mayo.

La experiencia de las focas bebé fue tan impresionante que merece la pena volver a repetir así que salimos en caravana; Carlos y Chiki en su coche, Miguel y Carlos en el Mitsubishi “Yakuza” y Celine en su cafetera con ruedas.

El mar de la Costa Este furioso muerde la roca mientras el viento zarandea la copa de los árboles. Hacemos una paradita en The Store y nos deleitamos con la mejor tarde de zanahoria de toda la Isla Sur. (Os aseguro que tenemos un master en degustación de tartas.)

Seis horas para trescientos kilómetros y llegamos a Nelson exhaustos. Al día siguiente paseito por la playa, peli (A film with me in it, altamente recomendable) y concierto suspendido por el temporal, una pena.

A todo esto Celine parte la llave de su furgoneta y no encuentra las llaves de repuesto y como resulta que la muy “espabiladita” no tiene seguro, no puede llamar para que le abran la puerta, así que solo quedan dos formas de abrir la puerta: Pedrada en el cristal o reventar la cerradura.

Celine se bloquea y decide que lo mejor que puede hacer es salir corriendo pegando gritos en gabacho.

La imagen es la siguiente:

Noche cerrada en un barrio residencial. Un tío de metro noventa con una linterna y una navaja intenta abrir la puerta de una furgoneta destartalada mientras a lo lejos se escuchan los gritos desesperados de una chica que no sabe pronunciar la “R”.

Es curioso, pero ahora comprendo porque a McGyver le bastaba con una navaja suiza.

Arrancar el motor con la lima fue casi más fácil que abrir la cerradura de la puerta, debe ir en los genes...

Por la mañana bronca con los del hostal por culpa de la energúmena de la recepción así que empezamos el día calentitos. Eso sí, liberamos tensiones y les hemos puesto acaldo en su página web, no te digo...


¡Dormimos en Takaka en el Kiwi Ana! Terrible, pero es que no había otro sitio donde caer muertos. La bestia nos reconoció y con mirada de arrepentimiento nos acogió en cueva...(para el que no sepa de que estoy hablando que le eche un vistazo a la entrada de Takaka ). Nunca digas nunca jamás...

Paseamos por la playa de fósiles y fuimos a visitar a las focas. Estuvimos jugando con una foquita que no medía más de 50 cm tirándola palitos y haciéndola cosquillas mientras nos mordía la manga de la camiseta igual que un perrillo.

Dormimos en Motueka y nos llevamos nueve kilos de kiwis amarrillos de regalo. Nos despedimos de Carlos y Chiki y pusimos rumbo a Christchurch vía Lewis Pass esuchando el último disco de Fat Freddys Drop echándole un vistazo a una guía árboles que tomamos “presatada” del Kiwi Ana...